Higiene de Vida

Para reducir el riesgo de eccema, es necesario tener un estilo de vida saludable y cuidar su dieta; pero no sólo…

Mejorar su alimentación 

Suprimir la leche de vaca (incluso en las fórmulas infantiles) puede ser un reflejo saludable en el caso del eccema del bebé. Consulte a un médico para encontrar el sustituto ideal.  Por regla general, las pruebas de alergias, pero también las de intolerancia alimentaria proporcionarán información valiosa para establecer una alimentación adecuada, evitando ciertas sustancias temporalmente o a más largo plazo.

En cualquier caso, la aparición de eczema nos indica la importancia de controlar nuestra alimentación y de aprender a reconocer lo que nos sienta bien. Optar, por ejemplo, por dietas hipotóxicas, evitando frituras, platos con salsas, especias, acedera, espinacas, embutidos, grasa, chocolate, café o alcohol. Priorizar el consumo de verduras y frutas, que pueden ayudar a corregir ciertos desequilibrios, ya sea por su propia acción de drenaje o por su aporte más específico de ciertos elementos vitamínicos u oligometálicos benéficos: almendra dulce, arcilla, espárrago, zanahoria, col, berro, nabo, aceituna, naranja, diente de león, rábano negro, uva.

Drenar el organismo

El drenaje del hígado, de los riñones y de los intestinos es necesario cuando aparece un eccema. Ciertas combinaciones de plantas son particularmente activas para estas acciones de drenaje, que se asocian, en algunos casos, con efectos antialérgicos, antiinflamatorios y antiinfecciosos.

Curar los intestinos

La presencia de parásitos, hongos o bacterias intestinales puede desempeñar un papel en las enfermedades de la piel, aunque la medicina convencional no siempre lo tenga en cuenta. Es sencillo hacerse pruebas para detectarlos. Un tratamiento apropiado y natural los erradicará. También es importante regenerar la flora intestinal.

Aliviar el estrés

A veces se aloja donde no se le nota, pero a menudo entra en juego, directa o indirectamente, en este tipo de patología. Tomémonos el tiempo para identificarlo con la ayuda de un terapeuta. O comprobemos primero si nuestros momentos de relajación son suficientes, tanto a nivel personal como familiar.

El cuerpo es un todo. La piel es a menudo una señal de alarma, revelando un desequilibrio en nuestro estado general. De nosotros depende tenerlo en cuenta para mirarnos a nosotros mismos y a lo que nos rodea bajo una nueva perspectiva y para hacernos responsables de nuestra salud. La calidad de nuestra vida y de la de nuestra familia están en juego.

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